Con la instauración de la llamada Operación  Mochila en todos los estados  de la república,  están  lesionando gravemente  las garantías individuales  y los derechos humanos de  los niños y los adolescentes  mexicanos.

     Este tipo de medidas , signo  de desesperación oficial,  son el resultado de que el gobierno  en todos sus niveles no ha hecho la tarea, en materia de seguridad pública,  generando  a través  de más de diez años de  violencia,  una subcultura   de la agresión, del odio y del revanchismo.

  A ningún padre  de familia  le gusta que sus hijos  sean tratados como  delincuentes.  Y   con todo   y  las características  especificas  del mencionado operativo,  la realidad  es que,  habrá cateos por la fuerza, y se obligará  a los menores a vaciar sus mochilas, agrediendo su intimidad  y sus enseres personales.

 Este tipo de medidas  hasta ahora solo eran  protocolo  obligado  de los presidios, donde purgan sus condenas, los  delincuentes: ladrones, asesinos, narcos, estafadores. Pero hoy,  esa parte de la población, considerada como el jardín del futuro, los  ciudadanos  del mañana,  serán  objeto de escarnio, al tener que soportar  este tipo de humillaciones.

  La operación   Mochila surge, después  de que ocurre el asesinato de  una maestra, a manos de uno de sus alumnos, en   el norte del país. Hechos como este,  demuestran  el grado de degradación  y de descomposición  en que nos encontramos  como sociedad. El núcleo familiar hace aguas. Pareciera un barco a la deriva.  Pero,  también  es un indicador  de que, el gobierno ha fallado rotundamente.  No ha cumplido  con su responsabilidad de  pacificar   la república.

  Finalmente, la operación Mochila solo es  una medida  demagógica ,  donde el gobierno en todos  sus niveles, (federal, estatal y municipal), busca endosarle  la culpa  a la sociedad.

 Mientras esto ocurre  en la superficie, siguen  brillando por su ausencia  las medidas  de fondo:  Continua imparable  el tráfico  de armas, desde la frontera norte y sur. El gobierno federal no  da muestras de contar con una estrategia eficaz para resolver el problema. Y  es hora que  las diversas instancias  oficiales, se siguen  echando la pelotita, evadiendo  su responsabilidad.

  Aquellos  padres que apoyan la operación Mochila, son aquellos que no quieren cumplir con su obligación moral   de hacerse cargo de la conducta de sus hijos. La mejor revisión  y educación, no ocurre en la escuela, sino en la casa.

  Pero, por si esta  reflexión  fuese insuficiente,   y para  aquellos que buscando quedar bien con el poder en turno, o  bien alineados en el adocenamiento o la mojigatería, se pronuncian a favor de la Operación Mochila, les recordamos  que:

De acuerdo al artículo 13  de los Derechos  de la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, se señala el derecho que estos tienen a  la intimidad.

  En su momento, la Comisión  Nacional  de Derechos Humanos, en su recomendación  21/15, dijo que dichos operativos violentan el derecho a la intimidad, seguridad jurídica,  y discriminan el interés  superior  de los niños, nilas  y adolescentes.

  Pero también se  contravienen Tratados Internacionales, como la  Convención de los Derechos del Niño, fracción primera, artículo 16, que especifica que:

  “Ningún niño será objeto de injerencias  arbitrarias, o ilegales en su vida privada, su familia, su  domicilio  o su correspondencia. Ni de ataques ilegales  a su honra y a su reputación”.

  Es ridículo, como lo son también las personas que apoyan este tipo de medidas, que  sometiendo a los niños y adolescentes  a los cateos, se busque  frenar la ola de inseguridad.

  La inseguridad  es un tema  estructural que va mucho más allá que esta estrechez  de miras. ¿Qué  si  un niño lleva  una pistola  o cualquier arma  a la escuela..?  No es en la institución  escalar, donde el gobierno debe de sofocar el problema, pues no se origina ahí, sino  en  el seno de la sociedad, en las calles, en  la complejidad de las mafias que  siguen siendo apapachadas desde las diversas instancias gubernamentales. En la praxis de la corrupción,  de la impunidad, que nada tiene  que ver con las risas y los juegos infantiles.

    En el caso  del niño  de Torreón que mató a su maestra, hasta que no ocurrió  la tragedia,  las autoridades omisas  y cómplices se dieron cuenta de que   su abuelo  y  gran parte de la familia  tenia deudas con la ley. De ese tamaño es  la laguna, en materia de procuración de justicia  en México.

 Reflexionen por favor señores: las escuelas  son el semillero de la pureza y  la esperanza en el porvenir. No las convirtamos en un lugar  siniestro y  punitivo antes de tiempo. No hagamos de ellas, las nuevas cárceles  de la subcultura violenta.

  Por lo que se  ve, ya no habrá  mucha diferencia entre  la llamada Granja  de Güemez, (cárcel para menores) y  las escuelas primarias y secundarias.

    Mucho ojo, porque estamos  metiendo  a nuestros  niños  en una  bolsa de  sospecha  delincuencial, que  psicológicamente, en lugar de ayudarlos, puede afectarlos mucho.

  Es irónico como los gobiernos  corruptos  y promotores de la impunidad, en todos sus niveles, pretenden mancillar,  lo  único  puro que tenemos.

 Valdría la pena preguntarnos, si en países  como Estados  Unidos, donde  se ha registrado  una fuerte violencia de esta misma índole, hay operación mochila en las escuelas.

 En Estados  Unidos no existe  esta aberración. Y no existe porque allá  si hay una opinión pública vigorosa,  que sabe defender sus derechos.

  Finalmente  la Operación  Mochila, que por  cierto ya ha  demostrado su fracaso en México, no deja de ser  una medida politiquera, propia de gobiernos bananeros.