–RESCATANDO AL CAUDILLO AMLO—–

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  En un momento en que,  el proyecto obradorista  de la llamada Cuarta Transformación,  atraviesa por su momento más crítico,  desde que arribaron al poder en el 2018, todos los legisladores morenistas del país, los del Congreso de la Unión, y los pertenecientes a los Congresos locales,  publicaron un comunicado, en el cual, afirman que  respaldan  al Presidente  AMLO.

Este cierre de filas, se da en el momento en que, López Obrador  empieza a sufrir un drástico descenso en su popularidad, como consecuencia del desgaste político, producto de los embates y  críticas hacia  su gobierno, tanto a nivel interior, como exterior.

    Todo ello ocurre, en el complejo escenario  del coronavirus, versión México y sus dos estrategias inconexas, que muestran a un gabinete técnico de salud, lanzando S.O.S al país. Y al mismo tiempo un Presidente que parece ir en sentido contrario.

  Llama la atención este apoyo en masa, de la maquinaria legislativa para el Presidente, porque es la primera vez, que el caudillo  de la Cuarta Transformación,  requiere  una transfusión de sangre política, lo cual nos da una idea más cercana, del grado de afectación que está sufriendo la hasta ahora poderosa institución presidencial.

   El origen del porque, son los legisladores morenistas, los que salen a defender al Presidente, tiene  una explicación elemental. Y se debe a que muchos de ellos  serán los candidatos a cargos de elección popular en el 2021.

 El desplegado donde expresan  su respaldo total  hacia AMLO,  envía una lectura inequívoca, y  preocupante: si se hunde políticamente  el Presidente, se hunde MORENA, y por añadidura, todos los demás proyectos que de ella se deriven, podrían contagiarse. La decepción colectiva, puede cundir, a  manera de  pandemia.  

  Estos son los principales  riesgos que se corren en un régimen como el obradorista, donde la gigantesca y pesada influencia del  caudillo, opacó a su propio partido, y  a su mismo gabinete federal. Desde su inicio en el 2018, ha sido tan fuerte la influencia de Andrés  Manuel, que pareciera gobernar solo, y sin gabinete, pues  son muy pocas las secretarías de Estado, que despiden luz propia. La mayoría nadan de a muertito.

 Algo  similar sucede  con los equipos que dependen de una  figura estelar, mientras que lo contrario, sería  un gobierno donde  el poder se delega, y no  se concentra en una sola persona, como es el caso.

  En la antesala  de la recesión mundial, y con la espada de las calificadoras, lanzando sus amenazantes predicciones sobre  la  temblorosa economía de la república, en plena curva del coronavirus exponencial, acaban de encenderse  los focos rojos  de la 4T:

   “Las y los legisladores, simpatizantes de la Cuarta Transformación, manifestamos nuestro  respaldo  y nuestro  reconocimiento, al gobierno de México, encabezado por el Presidente Andrés  Manuel López Obrador, por la actuación responsable y oportuna para cuidar la salud de las mexicanas y  los mexicanos, así como la salud de la economía nacional, frente a la compleja situación provocada por la epidemia del COVID-19”.

Esto es lo que dice el primer párrafo de lo que se interpreta como  un espaldarazo parlamentario, a la vieja usanza del priismo fundacional.

 La supeditación incondicional al Ejecutivo, por parte de los 634 legisladores y legisladoras, es apresurada, prematura, y constituye una falta  de respeto a la sociedad mexicana.

En lugar de practicar la sana distancia,que es lo más saludable en estos momentos,  la mayoría legislativa del morenismo, se funde en un abrazo devoto con el Presidente AMLO. Un abrazo político, que a nadie beneficia, porque mientras las élites obradoristas  le queman incienso al presidencialismo, literalmente, la salud de la república empeora.

 De esta manera, los senadores, diputados federales  y los  legisladores  de los  Congresos locales de la 4T, desdeñan la oportunidad histórica que  tienen, de exigir una mayor responsabilidad a  su propio gobierno.

  Es así, como la república navega, en medio de la tormenta del Coronavirus, bajo una visión unilateral y un estilo personal de gobernar.

  Esperemos que acierte, porque si se equivoca, va a perjudicar mucho al país.