Crímenes políticos, tradición que no espanta a Tamaulipas

El viernes 17 de julio se cumplieron 92 años del asesinato del Presidente electo Alvaro Obregón Salido, en el restaurante La Bombilla en la Ciudad de México, a manos de un fanático religioso.

Conmovió a la República entera la noticia del sacrificio del Manco de Celaya en una fiesta donde celebraba que su triunfo de Presidente reelecto de México, aunque no fue el primer homicidio político, porque el arranque del siglo pasado estuvo plagado de eventos de ese tipo.

La ejecución de Obregón ocurrió en 1928, pero ocho años antes, el Presidente Venustiano Carranza fue asesinado mientras dormía en una choza, en Tlaxcalantongo, Puebla.

Carranza tuvo el mérito de deponer al Chacal Victoriano Huerta, que en 1913 traicionó al Presidente Francisco I. Madero, ordenando su asesinato y el del Vice-presidente José María Pino Suárez.

Asestó Huerta un golpe de Estado y duró en el poder un año tres meses, aceptó renunciar y se refugió en Europa, donde lo consumió el alcoholismo, que ya padecía desde antes de convertirse en traidor.

Otro héroe de la Revolución, Francisco Villa, El Centauro del Norte, también fue sacrificado, un 20 de julio de 1923, en Hidalgo del Parral, Chihuahua, pese a sus méritos de guerra, pues contribuyó a derrotar a Victoriano Huerta.

Pancho Villa, cuyo verdadero nombre era José Doroteo Arango Arámbula, ya estaba retirado de las armas, dedicado a atender su rancho.

Una versión sobre su muerte la atribuye al hecho de haber recibido en su retiro al periodista Regino Hernández Llergo, enviado especial del periódico El Universal, a quien declaró que si el Presidente Obregón incumplía sus promesas, volvería a tomar las armas.

Obregón y su asesor de cabecera, Plutarco Elías Calles, que se convertiría en su sucesor, decidieron que había que eliminarlo y organizaron una emboscada en la que participaron ocho sicarios, que desde las azoteas destrozaron su cuerpo con proyectiles de plomo.

Tamaulipas no escapa a la tradición de las balas y las traiciones. Hay muchas historias y anécdotas que dan cuenta del espíritu bélico de los cuerudos.

En 1947 cayó el gobierno de Tamaulipas que presidía el licenciado Hugo Pedro González Lugo, de Nuevo Laredo, por culpa del asesinato cometido por su director estatal de policía Julio Osuna, contra el dueño del periódico El Mundo de Tampico, Vicente Villasana.

Fue un homicidio pasional pero se aprovechó la ocasión para darle cariz político y cobrar afrentas entre bandas de “servidores públicos”. La desaparición de poderes fue un pretexto para liquidar el cacicazgo de Emilio Portes Gil.

Era Presidente de la República Miguel Alemán Valdés y con el escándalo suscitado en Tamaulipas, vio la oportunidad de aplastar los vestigios del cacicazgo de Portes Gil, ordenando al Senado desaparecer los poderes.

Luego, en 1951, cuando estaba por entregar el poder, el presidente municipal de Matamoros, Ernesto Leopoldo Elizondo, fue asesinado a balazos mientras manejaba su vehículo por el centro de la ciudad, a media noche.

Nunca se supo la identidad de los autores materiales ni intelectuales del atentado, siendo también un misterio la causa que los movió. Don Ernesto era ganadero, propietario de una carnicería, portaba pistola, como era usual en esa época.

A resultas de este crimen, se decretó la desaparición del Ayuntamiento que encabezó don Juan B. García, quien tenía como regidor al médico Emilio Martínez Manautou. Con el tiempo, don Juan editó el periódico La Opinión, ya desaparecido.

En la década de los 70, cuando Carlos Enrique Cantú Rosas puso de moda al PARM en Tamaulipas, un riobravense, Edilio Hinojosa López, se convirtió en diputado federal.

En una elección reñida, en la zona ribereña, Edilio fue comisionado para defender los colores del PARM y en una refriega por la posesión de ánforas, recibió un balazo en el rostro, al que milagrosamente sobrevivió.

Hinojosa fue un hombre pintoresco de Río Bravo, y componía canciones vernáculas, una de ellas, El Gato Negro, título que usó como nombre de su depósito de vinos y licores, por la avenida Madero, casi llegando a la rotonda Miguel Alemán.

En el año 2007, Horacio Garza Garza era diputado federal, dos veces presidente municipal de Nuevo Laredo, y cuando se trasladaba al aeropuerto para tomar un vuelo, un 19 de febrero, su vehículo fue emboscado.

El chofer murió en el trayecto al hospital y Horacio sobrevivió a impactos en la cabeza. Los médicos optaron por dejarle incrustado un plomo, por el riesgo de causarle la muerte con una intervención quirúrgica.

Nunca se supo la identidad de los gatilleros.

Y en el año 2010, el candidato del PAN a presidente municipal de Valle Hermoso, José Mario Guajardo Varela, fue asesinado en su propio negocio de venta de semillas, junto con su hijo Luis Mario Guajardo Adame, de 21 años, y uno de sus empleados.

Testimonios recogidos por las autoridades judiciales, dan cuenta que dos personas llegaron al negocio establecido por el rumbo del poblado El Realito, preguntando por el dueño.

Entraron a la oficina, identificaron a José Mario y lo balearon. El muchacho intervino en defensa de su padre, y también murió. Uno de los trabajadores fue abatido cuando se encontraba a bordo de un vehículo.

El 29 de noviembre de 2019, el licenciado Juan Antonio Guajardo Anzaldúa fue masacrado a balazos en el centro de Río Bravo, junto con tres amigos y dos agentes federales. Estaban saliendo de la cafetería La Rockola, de su propiedad.

Fue dos veces presidente municipal, diputado local, diputado federal y Senador de la República por unas semanas, pues el Gobernador de la época, Manuel Cavazos Lerma, maniobró para que le dieran el escaño a la panista Carmen Bolado, de Tampico.

Juan Antonio había competido por tercera ocasión para llegar a la alcaldía, ahora con los colores del PT, pero le ganó la elección el priísta Roberto Benet Ramos. Estaba en el proceso de impugnación cuando lo alcanzó la muerte.

Sin embargo, el episodio más traumático que ha sufrido Tamaulipas a consecuencia de balas y política, es el que le costó la vida al médico Rodolfo Torre Cantú, que iba a ser Gobernador.

Lo asesinaron un 28 de junio de 2010 junto con el diputado local Enrique Blackmore Smer y varios de sus escoltas. Iban al aeropuerto para viajar a Matamoros y Valle Hermoso, a los últimos cierres de la campaña.

Pese a la recurrencia de delitos contra políticos y funcionarios, el gobierno carece de una estrategia de protección especial.

(Agencia de Servicios Informativos).