La clase política que no necesitamos.

José Ángel Solorio Martínez

Renovar a la clase política tamaulipeca, es hoy una apremiante necesidad. Políticos del PAN, MORENA, PRI y otros engendros, han mostrado su auténtica y deplorable cara.
No se está descubriendo nada nuevo.
Ya los conocíamos: así son, y así han sido.
Los efectos del huracán Hanna, sólo acercó aún más a la Opinión Pública sus cuestionables mentalidades.
Lucrar con la miseria y la necesidad, parece ser la estrategia de la mayoría de los políticos para posicionarse –sus conductas así lo reflejan– en el mercado electoral, en las preferencias ciudadanas, para incrementar sus posibilidades de éxito en las campañas electorales que vienen.
Regidores, diputados, alcaldes, en un afán por mostrarse generosos y magnánimos, han salido a la calle para donar alguna modesta despensa, tomarse fotos –poniendo como fondo a los menesterosos recibiendo apoyos– y exhibirse ante el mundo como los salvadores de los necesitados.
Sería un despropósito, criticar esos gestos de soporte a los afectados por parte de personas bien intencionadas. Como también, será irresponsable, aplaudir a nuestros políticos que hacen de la conmiseración su oprobiosa estrategia de precampaña.
Muy probablemente, uno de los actores políticos con mayor intensidad en eso de la falsedad, es la alcaldesa de Reynosa, Tamaulipas. En efecto: Maky Ortiz, quien todo mundo sabemos vive en Mission, Texas, se dejó venir de su residencia en el extranjero para tomarse fotos y publicitarlas con el agua hasta las rodillas para mostrar que gobierna con eficiencia y humanismo. (Patético, porque hace unas semanas, anunciaba que las inundaciones se terminarían por las obras de drenaje que inauguraba).
El altruismo cuando se publicita, es propaganda.
Y más, perverso aún, cuando esa intención se realiza desde espacios y representaciones públicas. (Finalmente, algunas organizaciones y ciudadanos, que ejecutan actos de filantropía, lo hacen con recursos privados. Y están en su derecho de hacerlo público o no).
Cuadros de MORENA –como la regidora Claudia Hernández Sáenz–, del PAN –como el diputado Gerardo Peña que se hizo presente en las inundaciones en compañía de su equipo de prensa– son muestras de una clase política que insiste en anclarse en prácticas del pasado para ampliar sus consensos sociales.
¿No sería más prudente y sensato, que esos regidores y diputados, se enfocaran a legislar desde sus espacios para evitar que los fraccionadores sigan vendiendo inmuebles en áreas inundables?
¿No sería de mayor apoyo al pueblo, convocar –y legislar sobre ello– a la austeridad republicana y construir un fondo para enfrentar desastres?
¿No sería de mayores beneficios una ley de Obras públicas que reordene las ciudades y frene la especulación urbana y la privatización de espacios públicos para ponerlos a circular en el mercado, cuando esos lugares son para el desfogue de las crecientes provocadas por las lluvias? (Esto se dio en Matamoros, en el trienio de Jorge Cárdenas González, quien autorizó el cambio de uso de suelo en extensiones útiles para el desahogo de corrientes riesgosas. En Reynosa, durante más de treinta años se repitió esa conducta gubernamental; el lado izquierdo de la carretera Reynosa-Monterrey, algunos kilómetros adelante del Panteón municipal, lado norte, eran terrenos federales que se apropiaron particulares ante la complicidad de los Ayuntamientos; esos predios, formaban parte de canales que servían de cauce a aguas peligrosas. El uso comercial a esos terrenos, evitó el tránsito de las corrientes hídricas, prohijando inundaciones permanentes en sitios aledaños al restaurante Sierra Madre).
¿A dónde podemos llegar con esos representantes populares?
A ninguna parte.
El 2021, nos dará la oportunidad para decidir el Tamaulipas que queremos.
Y también, votar a la clase gobernante que necesitamos.
E igual: botar, a los servidores públicos, que hoy nos repugnan y nos avergüenzan.