Lo volvería hacer…

Acaso uno de los ingredientes que explican la potencia jamás vista en la Izquierda social en la frontera norte tamaulipeca, sea la permanente actividad de sus profesionales. Eran éstos, hombres y mujeres, dedicados las 24 horas a las labores de organización, promoción y de articulación partidista con los movimientos de masas.
Se les llamaba así, porque en teoría trabajaban para el PCM –Partido Comunista Mexicano-; y en consecuencia, la organización les otorgaba un salario. Digo en teoría, porque las más de las veces, por la carencia de fondos, no recibían esos emolumentos,
Esa red de profesionales, estaba formada por Elpidio Tovar de la Cruz, Eulalio Tovar de la Cruz, Ambrosio López Gutiérrez, Mary Jaramillo Alanís, Gregorio Luna Martínez, Juan y José Rosales, Juan Francisco Flores y un servidor.
En Reynosa, operaban como militantes de tiempo completo, Willy Guzmán y por un tiempo, Carlos Peña Rojas. Si mal no recuerdo, se sumó a ellos, Alejandro García Luna. Raymundo Zepeda Gaona, mezclaba su trabajo de abogado, con tiempo casi completo a la organización sindical –principalmente en el movimiento maquilador–.
¿Cómo se sufragaba ese sustento material?
Aunque pueda no creerse: de las donaciones, contribuciones, de los simpatizantes del PCM.
Ya lo dije: desde Pilo el más famoso aguafresquero del pueblo, hasta Juan Casanova, uno de los más exitosos horticultores del bajo río Bravo que cuando cosechaba y exportaba su productos, sus cuentas bancarias, engordaban hasta llegar a los dos millones de dólares, mes con mes aportaban fondos para una Izquierda que llegó a encabezar en los años 60 concentraciones de casi 10 mil campesinos, cuando el pueblo era formado por 30 mil habitantes.
Creo que los Tovar de la Cruz, Mary, Juan Francisco, Goyo, los Rosales, –QEPD– y Ambrosio, mucho tenemos que agradecer esa actitud solidaria de esos personajes que se metieron la mano al bolsillo galvanizando la fe en la utopía y en la esperanza.
Esos eventos memorables, de aquellos izquierdistas y sus simpatizantes, me han hecho ver la vida bajo el recuerdo de la solidaridad y la generosidad de gente que apenas tenía para comer y jubilosamente regalaba pesos a quienes se esforzaban por construir una sociedad más justa.
Seguramente por eso, desde hace casi 20 años, he aportado recursos –así, sólo así. ¿Para qué poner cifras que degraden o perviertan el hecho solidario?– y trabajos en el impulso del proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
Como dijo el preso número nueve:
–Lo volvería hacer.