Los mellizos: Zertuche y el Guasón.

José Ángel Solorio Martínez

Reynosa, es una ciudad suprema.
Tiene todo para ser grande.
Tuvo hasta un equipo de beisbol –Broncos– que fue la delicia de la fanaticada desde los años 60 o 70 hasta que lo regenteó la clase política local y lo echó todo a perder.
Pero donde ya no se midió la metrópoli tamaulipeca, fue en la exhibición de dos especímenes que nace uno cuando mucho cada 150 años.
Sí señor.
Que una ciudad posea un político como Héctor Garza González, –así: viscosamente sanguinolento, chocante, e inexplicablemente soberbio, no tiene precio– da como para un texto al más puro estilo del realismo mágico fronterizo.
Para que es más que la verdad.
Una gema de pelado.
No cualquier ciudad, se da el lujo de tenerlo para ella solita.
Esas peculiaridades –que pintan más, a un anti-político que a un político– le ha hecho sobresalir como campeón en índices de repudio y de rechazo insuperables en su comunidad.
Bueno, al menos eso se creía.
Hasta que llegó Armando Zertuche Zuani.
Fue entonces, que se empató la pizarra.
¡Y los dos de MORENA!
Cuando se pensaba que la medalla de oro se la llevaba sin baranda el Guasón, llegó Armando y se metió al medallero con sobrados méritos; más que sobrados, méritos.
En ese momento la ciudad, llegó al paroxismo.
Armando y el Guasón, es una dupla que genera el anti-orgullo, la anti-petulancia, la anti-jactancia de buena parte de los reynosenses.
Lo más sorprendente –ahí es donde caen como anillo al dedo, en el realismo mágico– es que tanto uno como otro, creen tener posibilidades para ser uno alcalde y el otro gobernador.
Aunque no lo parezca: Xico –el de Victoria, Tamaulipas– tiene más carisma y gracia que los mellizos, Zertuche y Garza González.
El capitalino de perdido baila.
Ese par reynosense, a lo mejor no le da para ganar una candidatura, pero eso sí: sería el más apetitoso manjar para zancudos, garrapatas y vampiros…