Después de muchos años de aprender las reglas para integrarme a una sociedad, y saber hablar, saber conducirme, pensar y sentir, llego a la conclusión de que es tiempo de desaprender. Estoy convencida que mucho de ello ya no me sirve, el mundo ha cambiado y los requerimientos para adaptarme a él, no son los mismos y, siendo sincera, hasta me complican en la intención de asimilar lo nuevo. 

Hay tantos retos por delante, pero debo enfrentarlos con otras herramientas, sin prejuicios y con visión de futuro, y ya no puedo seguir apegada a aquello que me formó de niña, y me cuestionó de adolescente, porque todo eso ha sido rebasado. 

Soy parte de una generación que poco a poco está desapareciendo. Nací cuando todavía no había televisión, las comunicaciones a distancia se manejaban por el telégrafo y el servicio postal se encargaba de repartir la correspondencia. Era muy emotivo recibir los mensajes y las cartas, o las postales, de familiares y amigos que vivían en otras ciudades. En casa no existía licuadora, lavadora o refrigerador, mucho menos secadora o microondas. Todo fue llegando con el transcurrir del tiempo. 

La realidad se impone. Los avances en la tecnología no sólo nos han hecho más cómoda la subsistencia en el hogar, sino que han trascendido a todos los ámbitos de la vida humana, revolucionando los conceptos y las ideas que me inculcaron en mi familia, en la escuela, en la sociedad, preparándome para un mundo que ya no existe. 

Me doy cuenta como empieza a ser obsoleto aquello con lo que crecí y creo que es momento de dejar atrás esas creencias establecidas, y muchos de mis conocimientos pasados de moda, para promover ciertos cambios que me ayuden a recopilar información para asimilar nuevas formas de aprendizaje, basado en experiencias positivas. 

Quiero explorar una nueva forma de pensar y de interpretar lo que acontece a mi alrededor, identificar los miedos, que destruyeron mi curiosidad y esas ganas de seguir investigando cuando de pronto me topaba con algo que no tenía respuesta. Quiero transformar mi forma de observar y dejar de analizar y de buscar en el trasfondo, lo que a simple vista no deja nada a la imaginación. 

Quiero aprender a escuchar más allá de disfrutar del sentido del oído; sentir hasta lo profundo y extasiarme con los matices de luces que me da el amanecer o la nostalgia de los reflejos a contraluz, como lo hace un pintor que plasma la magia de la naturaleza con su arte. 

Quiero alejar el sentimiento de tristeza provocado al ver mis sueños hechos trizas, y darme tiempo de valorar el resultado de mi esfuerzo, concreto y tangible, producto del trabajo de tantos años, reconociendo el proceso y disfrutando mi éxito; descubrir los sabores, más allá de la necesidad de saciar el hambre; y aprender los beneficios del cuidado de mi salud, sin cuestionar los planes de dietas y ejercicios, romper los malos hábitos y estar dispuesta a probar lo que es realmente saludable. 

Quiero aprender a manejar mis enojos, sin hacer reproches y defender mi razón, sin levantar la voz; decir lo que pienso, sin olvidar que a veces la verdad ofende, pero que no por eso tengo que aceptar lo contrario; ser paciente, pero no sumisa, condescender, pero no transigir. Negociar el deber ser, para ser. 

Quiero acercarme a mis hijos y aprender de ellos y de su mundo. Los elijo como mis maestros y me aplico con empeño en descifrar sus enseñanzas. Desaprender el apego y dejarlos volar. Rechazar la manipulación emocional y seguir siendo autosuficiente, con vida propia, con proyectos novedosos que se ven enriquecidos con su asesoría. 

Quiero tener el coraje para dejar atrás lo que no me sirve y empezar a asimilar nuevas formas de hacer las cosas; quiero dejar de darle importancia a lo que me hace daño y alejarme de aquello que no da sustancia a mi vida; adaptarme a las nuevas circunstancias de mi entorno sin la añoranza de lo perdido, sabiendo que más que sumar o restar, debo recordar por qué menos por menos, es más. 

Confiada, seguiré un consejo que se acredita a Ronal Laing, que recomienda “deberíamos dedicarnos a desaprender gran parte de lo aprendido, y aprender lo que no se nos ha enseñado”. 

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