José Ángel Solorio Martínez

El alcalde de Tampico, Tamaulipas, Jesús Nader, imprimió mayor intensidad a la contienda por la candidatura dentro del PAN tamaulipeco la reciente semana: se posicionó de nueva cuenta como el mejor alcalde del país, al tiempo de ser considerado el territorio que gobierna, como la ciudad más segura de la nación.
Muchas prendas, para presumir.
Sus contrapartes, se mueven como bultos lastrados por sus historias de ineficiencias y por sus distanciamientos de las mayorías de la sociedad regional.
El CEN del PAN, ya ha mandado señales al panismo de Tamaulipas, de por qué lado viene la postulación. En la más reciente reunión del dirigente nacional Marko Cortés, el panismo ubicó a Nader en la mesa en donde interactuaron los alcaldes exitosos que llegaron a las gubernaturas de sus estados. De hecho, el tampiqueño expuso su visión de gobierno ante sus homólogos azules.
Los precandidatos que promueve el CDE, el Truco Verástegui y Gerardo Peña, resultaron muy pequeños para la tarea de un PAN en declinación y en retirada.
Nader, no sólo les saca varias cabezas de ventaja en la justa interna en función de sus fortalezas, también los deja muy atrás en la ponderación de la mala percepción popular: el alcalde jaibo, es el personaje del azul que menos negativos tiene en las mediciones internas y externas.
Es decir: aparte de no ser plenamente conocidos, Verástegui y Peña, poseen más elementos negativos que positivos en los números de las más recientes encuestas.
Esa dupla, arrastra otro pasivo muy marcado: ser promovidos por el dirigente real del panismo local que está considerado como el gobernador de menos consensos de los 32 del país –sólo arriba de el gobernador de Nuevo León, el Bronco–.
¿Podríamos ver un deslinde de ese protagónico par, del gobernador de Tamaulipas?
No es factible.
Una razón lo explica: su vínculo es más que orgánico.
De otra forma: tanto Verástegui como Peña, están irremediablemente ligados al destino del reynosense.
(Y que se sepa, no es muy halagador).
A ese escenario, se suma el abandono en que el PAN tiene a ciudades como Nuevo Laredo, Reynosa y Victoria. Tres municipios, que tradicionalmente aportan una buena cuota de votos azules, viven su peor momento en cuanto a infraestructura urbana y prestación de servicios públicos. Alcaldes como la victorense Pilar Gómez y el nuevolaredense Enrique Rivas, y varios de los representantes del gobierno estatal en Reynosa, abandonaron sus responsabilidades –quizá en venganza por no haber sido favorecidos con el voto ciudadano– y dejaron la víbora chillando a sus sucesores morenistas.
Esos datos, no favorecen en nada a los precandidatos oficiales; sobre todo, porque son ligados por los ciudadanos, con el gobierno que insiste en seguir lastimándolos con candidatos de poca monta y de malas mañas.
Dura disyuntiva para el albiazul de la comarca: elegir al candidato que marcará por décadas la fracasada continuidad, o postular a un aspirante que podría representar la rearticulación de un panismo desalentado, deprimido y descabezado.