En las últimas semanas, luego de la derrota del Partido Acción Nacional en Tamaulipas, he leído y escuchado muchas veces, porque muchas veces se ha dicho o escrito, la expresión que señala que “ni las derrotas ni los éxitos son permanentes” y por lo tanto que los triunfadores de hoy pueden ser los derrotados de mañana.

Con ser un argumento trillado, no dejan de tener razón los políticos panistas, que con este argumento se justifican por el rechazo que recibieron de los tamaulipecos que habitan en los municipios más poblados del Estado.

En amplios sectores de la sociedad no entienden la razón de los triunfos de morena, sobre todo en segmentos que simpatizan con los partidos políticos recién desplazados. Si morena, gobierna tan mal, a su criterio o a criterio de los analistas y periodistas con los que tienen afinidad ¿por qué la gente le sigue dando su confianza y su voto?

Los que han participado en la oposición (al PRI y/o al PAN) si lo entienden o por lo menos no les causa sorpresa, pues en su momento también se preguntaban cómo seguía triunfando el PRI (o él PAN) a pesar de tantos errores y de ser, -a su juicio-, pésimos gobiernos.

Esas ideas son algunos de los argumentos que compartí en una charla informal, con un par de amigos que preguntaban si el PAN tenía alguna posibilidad de conservar el gobierno de Tamaulipas. Si me pidieran responder con un monosílabo si veo posibilidades de que el PAN retenga el gobierno de Tamaulipas, mi respuesta es SI.

Esa respuesta afirmativa la matizo diciendo que los panistas, para ser más precisos: el jefe de los panistas, tendrían que hacer “jugadas”, “movimientos”, “estrategias” de un tipo que no acostumbra hacer el dueño del PAN tamaulipeco.

Entre esas maniobras estaría ceder los reflectores y una parte del mando al futuro candidato, pagar deudas, amarrar a sus policías, reconciliarse con personas y grupos que ofendió, implementar una buena estrategia de comunicación y dejar el pensamiento binario de la política, ese que lo lleva a razonar que si no está conmigo en forma incondicional, es mi enemigo y está contra mí.

Inevitable es pensar en los personajes que pudieran ser candidatos, si se analizan las posibilidades de un triunfo panista en 2022.

Salir con “perdedores” (de hoy) para buscar el triunfo de mañana, es la condición de Gerardo Peña Flores, un político que ha probado en más de una ocasión su disciplina y lealtad al jefe de la Vaca Salvatrucha. El mismo presidente López Obrador es un ejemplo de los políticos que ante el fracaso aumentan la apuesta y terminan ganando la partida. En el caso de AMLO, su proyección a la política nacional se dio a partir de una derrota (fraudulenta) en la elección por la gubernatura de Tabasco.

Si la condición para elegir el candidato es que sea ganador, o que por lo menos los resultados más recientes sean de triunfo, el elegido debería ser el presidente municipal de Tampico, Jesús Nader. El alcalde porteño ganó en su tierra y el triunfo alcanzado y construido fue “por mí y por todos mis amigos” para decirlo al modo de los juegos infantiles. Chucho Nader es un panista con trayectoria propia. Aliado de Cabeza de Vaca y en algún momento colaborador, más no subordinado político y nunca incondicional.

De los prospectos iniciales, la esposa, el hermano y la prima, es ocioso hablar pues quedaron inhabilitados con las mismas carpetas que sustentaron el desafuero de Cabeza de Vaca.