Las proyecciones de los expertos sobre la pandemia que azota el país, establecen que sus efectos transitarán sobre todos los meses del presente año. Es decir: es muy posible que los golpes del Covid sigan flagelando a los tamaulipecos este 2022. Más claro: la elección de gobernador en junio próximo, se desplegará sobre el manto infeccioso de ese virus que tiene de rodillas a la humanidad.
¿Y qué diablos tiene que ver la peste con las elecciones de Tamaulipas-2022?
Tiene que ver mucho.
En una prospectiva a bote pronto:
1.- Podría hacer caer los índices de participación ciudadana. Se suma a las circunstancias especiales sanitarias, otras eventualidades de similar importancia: se elegirá al gobernador, sólo al gobernador; y eso traería como consecuencia la cañada del interés ciudadano toda vez que la elección más importante para el hombre común, es el nombramiento de la autoridad que más cerca está de él: el presidente municipal. Y si se precipita la afluencia de votantes, cambia la estrategia de los partidos y de los candidatos.
2.- El regreso del semáforo de salud, a rojo -o a amarillo, que casi es lo mismo- reducirá la capacidad de maniobra de los candidatos y sus organizaciones políticas. Una de las cartas más socorridas por los aspirantes es manejar en medios -digitales o tradicionales- fotografías suyas arropados por multitudes como prueba irrefutable, objetiva, de su aceptación popular. De otra forma: las movilizaciones masivas, se reducirán. Por una parte, es saludable en el sentido económico -menos gastos- pero puede resultar pernicioso porque se atrofiaría el músculo partidista de la movilización y de la logística.
3.- Dada la explosiva capacidad infecciosa de las nuevas presentaciones del virus, es muy probable que afecte la operación de los funcionarios de casilla. Muchos casilleros, podrían enfermarse o ser paralizados por el temor a contagiarse al estar frente a una mesa por la cual pasarán cientos de votantes potencialmente fuentes de Covid. Ello lanza un desafío mayor para los partidos y sus candidatos: proveerse de correligionarios capaces de estar en la fila para suplir a los ausentes el día de la elección. Esta medida, no sólo sirve para cuidar el sufragio; también, es garantía de que la elección se desplegará en condiciones funcionales. A ningún candidato ganador, le convienen anomalías en las casillas.
4.- Bajo esas condiciones, uno de los elementos de las narrativas de los candidatos y sus partidos, es llamar a votar. Con Covid o sin Covid, el voto es vital para el proceso democrático del estado.
Ante ese escenario sanitario -y sociopolítico- no es una insensatez, -y menos una obviedad- afirmar que el próximo triunfador en esta campaña a gobernador -cuya participación votante rondará, el 35 o 38 por ciento-, será el candidato y el partido, quienes ejecuten la movilización ciudadana más eficaz y más pulcra.

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