El senador y precandidato de la coalición MORENA-Verde-PT a la gubernatura, Américo Villarreal Anaya, tuvo una semana política de fantasía: se sumó a sus activos desde la relevante joya electoral -Reynosa, Tamaulipas- el ex dirigente estatal del PRI, Oscar Luebbert Gutiérrez; cohesionó, a lo más importante del lopezobradorismo del sur de la entidad -entre quien se cuenta el alcalde de Madero, Adrián Oseguera Kernion- y empezó a articular un discurso en apego a los principios y el programa de acción de la IV T.
(Hubieran sido ocho días de maravilla, si su trabajo en redes sociales se hubiera perfeccionado y potenciado, pero falta un tiempo corto para la campaña constitucional; es decir: aún se puede esperar más en esa sensible herramienta para el proselitismo).
En aquel breve tiempo, el médico victorense avanzó mas que en los seis meses previos a su precandidatura. Inició desorientado, quizá por la trampa que le pusieron sus presuntos aliados -el clan del guachicol-; estos actores, por un tiempo lo encapsularon para evitar que potenciales aliados se acercaran al precandidato, dando por resultado la visión de un aspirante sin consensos y sin adhesiones ciudadanas.
Hoy se ve, un diferente Villarreal Anaya.
Es más incluyente; es más sensible a la opinión de los tamaulipecos, y se observa que aceleradamente va de menos a más.
La reunión con Oseguera Kernion, uno de los alcaldes morenistas con mayores activos en la entidad, suma varios miles de significativos votos. Y no sólo es ganar cuantitativamente; es a la vez, un éxito cualitativo al llevar agua para el molino de la IV T, en el sentido del mensaje que envía a la militancia y a los votantes: MORENA va en unidad; MORENA, es un espacio en donde se puede disentir, pero no promover la demolición del proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador por enfados o distanciamientos coyunturales.
Con la adhesión del alcalde maderense, Américo rompe la posibilidad de escurrimientos de la red morenista que en lo general se muere en la raya por la IV T, pero en lo particular ven distante de sus afectos a otro victorense. (Al sur, le fue de lo peor con los gobernadores salidos de ciudad Victoria); por eso era vital para el precandidato, sellar un acuerdo con los dirigentes representativos del industrializado sur tamaulipeco.
La retórica de Villarreal Anaya, debe nutrirse con la esencia del lopezobradorismo como gobierno. Crecimiento sin deuda; políticas sociales amplias; fortalecimiento de la escuela pública; austeridad republicana; gabinete paritario -hombres y mujeres- y sobre todo, honestidad a toda prueba.
Justo eso, es lo que marcará la diferencia entre los precandidatos; hasta el momento, en su mensaje medular, sólo delinea con énfasis menores la potencia formidable de la IV T.
El fiero Trucutrú, pisa fuerte la lona del cuadrilátero…
…y trae ficha!

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