Las estrategias del Truco

¿Cuáles han sido las estrategias -eficaces por lo que se ha visto- del candidato al gobierno de Tamaulipas, de la coalición PAN-PRI-PRD, Truco Verástegui?
Dos que se sepa:
1.- Distanciarse del PAN y de su líder real en el estado, -con prudencia y sensatez- para acercarse con mayores énfasis a dirigentes sociales y a las más significativas organizaciones de la llamada Sociedad Civil.
El Cuarto de Guerra del ex Secretario General de Gobierno, ha medido bien los escenarios y las circunstancias en las que se mueve el candidato: los disensos del PAN -que son bastantitos, según dicen los números de preferencias por partido- y los desacuerdos ciudadanos con el Ejecutivo estatal -a decir de los fríos dígitos, no son menores-.
Eso explica, en parte, el porqué Verástegui y sus mariscales de campo, optaron por la búsqueda de la ciudadanización de la candidatura: en tanto mayor sea la sana distancia con el PAN, el PRI y el PRD, más posibilidades de ampliar simpatías en un conglomerado electoral que no ve con ojos soñadores ni a los azules, ni a lo tricolores y menos a los amarillos.
En un balance frío: ni el PAN -como partido- ni el PRD, pueden presumir que son el eje de la campaña del candidato. Acaso el tricolor, que debe traer algunos 60 o 70 mil votos en el morral diga con orgullo que es la fuerza más cohesionada de la coalición; probablemente, tenga razón en teoría: en la práctica, decenas de liderazgos priistas en varias microrregiones trabajan para el candidato de MORENA-PV-PT.
En el corte de la precampaña, esa narrativa funcionó.
Ninguna campaña panista en el estado, había logrado articular un movimiento social de tal amplitud. En la contienda pasada, el entonces candidato Francisco García Cabeza de Vaca, obtuvo adhesiones de ciertos liderazgos menores, del PRD y del PRI, en la entidad. Hoy, se percibe una red maciza y extensa.
Ese saludable deslinde -hasta ideológico: en el discurso del Truco, no se ve el tifo derechoso del panismo, aunque no lo niega- le ha permitido interactuar con miles de tamaulipecos que desde hace décadas se pronuncian por candidatos más que por programas o doctrinas.
2.- El apodo. Creado el personaje con la narrativa, de la cultura del esfuerzo, de hombre de trabajo y del campo, faltaba el concepto de consumo popular, de masas. Eso lo llenó, para dar fuerza a la propuesta de quien se siente vinculado con las mayorías -el pueblo raso- que siempre ostentaron un apodo que desplazó sus nombres de pila: el Truco.
¿Qué hombre de colonia, no tiene o tuvo un nombre sustituto?
¿Qué dirigente social, no paseó con orgullo su bautizo por el pícaro clérigo del barrio -la Quina, el Yuca, el Piojo, el Camello, el Gato, la Tomasa, el Chaparro?- que le dio significancia y sentido a su liderazgo?
Los diseñadores de la precampaña de Verástegui, deben estar satisfechos. Le dieron impulso y competitividad, a un candidato que inició con dudosos pronósticos, y que ahora puede presentarse como una opción seria y competitiva.