Los dueños de Tampico, Tamaulipas

Mucho, muchísimo, tendrá que trabajar la Izquierda tamaulipeca, para posicionarse en el centro económico y comercial del sur del estado: Tampico. El desarrollo y crecimiento del puerto, en mucho se debieron a sus explosivas movilidades financiera y demográfica, prohijadas por el boom petrolero en los inicios del año 1900.
Los océanos de hidrocarburos, detonó otras ramas de la economía. El comercio –se amplió, exponencialmente por los miles de trabajadores atraídos por la bonanza extractiva– al tiempo que una actividad altamente rentable producto de las dinámicas de jauja de la industria petrolera apareció potente y necesaria: el negocio del alijo de mercancías para un mercado cuya demandas y ofertas crecieron espectacularmente.
Por esos impulsos, nació el Gremio Unido de Alijadores (GUA). Millones de toneladas al año, de carga y descarga, hicieron de esa agrupación, política, económica y socialmente, poderosa.
La contraparte de esa organización proletaria, emergió a principios del Siglo XX, el vigoroso Grupo Tampico, forma e impulsado por la familia Fleishman y posteriormente potenciado con alianzas familiares con los Grossman.
Ambos polos, coexistieron en la comunidad porteña, por décadas en paz; ni uno ni otro, amenazaba el mercado de sus respectivos negocios. A lo sumo, había diferencias, cuando disputaban la Alcaldía.
La sangre, nunca llegó al Pánuco.
Hasta que emergió un factor con un poder suprarregional: Joaquín Hernández Galicia. ¿Cómo competir, contra un factor, que tenía el poder incluso, de disentir de los presidentes de la república?
No se podía.
Hasta que un 10 de enero de 1989, el presidente Carlos Salinas de Gortari, quitó a la Quina, y limpió el camino para el retorno del Grupo Tampico y del GUA al circuito del poder en el puerto.
Luego, en los años 90, pasó por la ciudad porteña, otro vendaval neoliberal: el GUA, inicio su proceso de privatización que dejó a los alijadores severamente lastimados política, económica y socialmente.
¿Consecuencias?
El Grupo Tampico, se quedó solo en la arena sociopolítica tampiqueña.
Y eso es el puerto hoy: territorio, totalmente israelí.
De una u otra forma, por uno u otro partido, ha llevado al Ayuntamiento, a sus protegidos y recomendados.
La hegemonía de los empresarios y líderes gremiales charros –los Fleishman, la Quina y Gerardo Gómez Castillo–, han dejado escasos espacios para la expresión de actores de Izquierda o progresistas en el puerto.
Los líderes de MORENA –siendo generosos y ubicando este partido como de Izquierda–tampiqueños, son tan pequeños que no se ve que puedan crecer en el largo o mediato plazo. Sujetos como Olga Sosa y aliados, no abonan en ese proyecto; sí, lo vulneran y lo lastran.
Acostumbrémonos: los capitanes de empresa, encabezados por los Fleishman, desde el PAN, MORENA, MC, PV, o PT, seguirán reinando –sabrá Dios, hasta cuándo– en un territorio que parece les escrituró el dinero.