La contienda por la gubernatura de Tamaulipas, se tornó más interesante y trepidante de lo que se esperaba. Se hizo público, lo que se sabía: la dirección de la campaña del candidato del PAN-PRI-PRD, a manos del Ejecutivo estatal. Francisco García Cabeza de Vaca, sacó todo el arsenal oficial y partidista, para apuntalar a su correligionario y socavar el camino del aspirante de MORENA-PV-PT, Américo Villarreal Anaya.
Los morenistas, como se está viendo, no son la monita de los cerillos.
Ernesto Palacios, delegado del CEN del guindo, –agarrando valor de sabe dónde– sacó todo su armamento para contrarrestar, la contra-ofensiva del cuarto de guerra azul.
Villarreal Anaya, también sacó uñas y colmillos.
Le echó el caballo encima al gobernador.
Justificando esa acción, Cabeza de Vaca, envió la reacción: un ejército de bots y declaraciones suyas candentes contra el senador con licencia.
Antes, el morenismo comandado en Tamaulipas por su delegado, echó pestes contra la administración estatal, acusándola de intentar linchar a varios funcionarios por causas diversas. Úrsula Mojica, Lady Garnachas, Carlos Cantú Rosas y otros, traen la lumbre de la Procuraduría muy cerca.
Ni el primer debate organizado por el IETAM, generó tanta expectativa que el escenario reciente, caracterizado por el clima de abierta confrontación. La diputada Mojica, pensó que la política tamaulipeca era un juego de té; y no: el que se aflige se afloja (ya lo dijo el Mesías) y al que se dobla, le aplican la metáfora de Taibo II.
¿Polarización?
Sí.
Desde hace siglos, Tamaulipas vive un ambiente bipolar: los que promueven el cambio, contra los que se resisten al cambio.
Eso existe desde que el sistema político tamaulipeco, es lo que es.
A nadie debe asustar, el tinte de la disputa.
Muy probablemente, desde los años 70 no se percibía una atmósfera política tan caldeada como la que estamos presenciando: un PARM, con miles de seguidores impulsando el cambio y un PRI, oponiéndose a ser removido de su posición de partido único en la región.
No fue por la ruta más civilizada; esos comicios, estuvieron erizados de palacios municipales incendiados y de calles gobernadas por turbas enfurecidas contra el PRI y sus gobiernos. Lamentablemente, a ese paisaje de ebullición social, se sumaron muertos, heridos y encarcelados; obvio: todos militantes anti-priistas.
Lo interesante de estas circunstancias, es un fenómeno que va adyacente a esos momentos críticos: la emergencia de liderazgos auténticos y el nacimiento de nuevas militancias.
Aunque no lo parezca: después de la intensa guerra que están viviendo, sólo quedarán de pie los militantes de MORENA y el PAN, más macizos y consecuentes.
Los tibios, la morralla, esperarán a que se defina la conflagración.
Por lo pronto, el elector deberá enfocar bien su vista: la boleta electoral, no sólo llevará el nombre del Truco Verástegui Ostos y de Américo Villarreal Anaya.
No señor.
A un lado del cuadrito de los logotipos, irán también los nombres de Francisco García Cabeza de Vaca y Andrés Manuel López Obrador.
Nunca, tan claro como ahora.

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