Pocas veces, se había visto en una elección, la intensa atención de un partido y su candidato por la red electoral, como la del PAN y su abanderado, Truco Verástegui. Hace unos días, se reunió en Reynosa, Tamaulipas, con miles de sus simpatizantes que mostraron fe en el proyecto que abandera el ex secretario general de gobierno.
Ni en aquella exitosa campaña que encabezó en el 2016, Francisco García Cabeza de Vaca, los azules habían mostrado tanto interés en la estructura electoral. Muy probablemente, en esos comicios, el panismo apenas pudo cubrir la tercera parte de las casillas de la entidad.
Hoy las expectativas y las actitudes del PAN-PRI-PRD, son muy diferentes.
Se presume, que ahora entienden el valor de cada voto.
Basta mencionar, lo ocurrido en la elección pasada: hubo Ayuntamientos, que los azules ganaron por apenas una decena de votos; el más ilustrativo caso sería el de Valle Hermoso: le sacaron el triunfo de la bolsa a la candidata de MORENA apenas con una mínima ventaja.
De igual forma, diputados locales morenos y azules, triunfaron con un puñado de sufragios.
De un corto tiempo a la fecha, el umbral de la victoria en el estado, se ha ido achicando. En Río Bravo, en una ocasión se definió para el PRD la alcaldía con la sorprendente diferencia de 46 votos; en Soto la Marina, por esas fechas, el triunfo fue para el candidato priista que se alzó con el gane con apenas 12 votos.
¿A qué diablos, vienen esos datos?
A una razón que tiene que ser ubicada como ingrediente cada día más recurrente en las contiendas electorales tamaulipecas: el voto ciudadano, ha venido potenciando su valor por lo cual debe cuidarse extremadamente.
El asunto, tiene explicación sencilla: como en el mercado, el producto más escaso es el más caro.
Otro elemento que olvidan los actores políticos, tiene que ver con las participaciones -lana contante y sonante- que la autoridad electoral distribuye entre los partidos en función de los votos obtenidos en la última elección.
De otra forma: cada voto que no cuenta para una organización política, son pesos que dejan de llegar a sus alforjas.
Más claro: si no les interesa cuidar las casillas para que respeten sus boletas cruzadas, debieran pensar en la lanita que se les va de sus manos si algún pícaro cambia los resultados de la elección restando votos.
Esa es la actitud plausible -no vista en los otros candidatos-, del Truco.
Tener a tres semanas de la elección, a miles de correligionarios listos para trabajar en las mesas receptoras de sufragio, es un elemento que eleva las competitividades del PAN-PRI-PRD y su competidor por la gubernatura.
El 5 de junio, veremos quién tenía -y quién no-, un eficaz entramado electoral.
Por lo pronto, Verástegui ya enseñó el colmillo.

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