El incierto escenario político de Reynosa, Tamaulipas, sigue dando vuelcos. Cuando el alcalde Makyito Peña Ortiz, estaba en la cazuela, emergió un nuevo elemento que le está dando oxígeno y tiempo: el caso de Espino Junior. Hasta hace una semana, se veía acorralado, asustado, el joven e inexperto alcalde.
Hoy el asunto se ve diferente.
Otro joven, y más inexperto, le lanzó un salvavidas: unas grabaciones, reconocidas por él mismo como verídicas en las cuales explícitamente da a conocer que altos funcionarios de gobierno –entre ellos su padre, el Contralor, Jorge Espino Ascanio– lo autorizaron para tumbar a la mala al alcalde constitucionalmente electo.
Intentando recomponer el garrafal error, salieron declaraciones tanto de renombrados miembros de gabinete estatal, negando el apoyo al plan vergonzosamente expuesto por el Junior.
Nadie les creyó.
El regidor que recibió la oferta del chaval Espino, –se presume que es de MORENA– ni tardo ni perezoso grabó los dichos y los hizo públicos.
El asunto, no ha llegado a mayores, porque los regidores que recibieron la promesa de recibir cinco millones de pesos, sólo por poner en la terna al hijo del Contralor del estado, –para de ahí ser nombrado por el Congreso tamaulipeco, como alcalde sustituto– no han recurrido a las autoridades judiciales a denunciar ese flagrante intento de cohecho.
¿Quién autorizó a un muchacho sin experiencia para aventarse un tiro que desde donde se le vea, es para gente de ligas mayores?
¿Qué líder panista supuso que un jovencito podría servir de intermediario con verdaderas lángaras del Cabildo reynosense?
(No serán muy inteligentes los ediles lopezobradoristas, pero para asuntos de dinero, son generales: se acercaron a Makyito y se dice que si no les mejoró la oferta, sí puso en sus manos algunos kilogramos de divisas para hacerlos desistir; hecho que al parecer finalmente ocurrió).
Espinito, terminó fulminado.
Algo debe tener la política regional, que hasta los personajes con doctorado –eso presume el Junior– naufragan.
Guardando las proporciones, es caso similar –pero más barato– el de Makyito: muestra medallas de la mera vena de todas las universidades del mundo –Harvard–, y tiene la ciudad que gobierna en plena crisis de gobierno y en completo abandono.
Se ha dicho reiteradamente: los escenarios reynosenses, son para gente mayor. Tanto Makyito como Espinito, han sido exhibidos como dos cándidos muchachitos cuyos conocimientos les sirvieron para maldita la cosa.
(Sin duda, fueron víctimas de tanta y tanta institución educativa, que decía Paolo Freyre, tienen como filosofía la educación bancaria; ello, no es otra cosa que percibir al educando, como un banco al cual hay que llenar de conocimientos, mecánica e insensiblemente).
No le aprendieron nada a sus respectivos familiares: al discreto Contralor, Espino padre, y al histórico Manuel Garza González -tío, de el huido alcalde-.
Un lobo como el Meme, jamás hubiera puesto al enemigo en casa: sigue en el cargo, alegre y felizmente cobrando cada quincena, el verdadero verdugo del chico Peña Ortiz: Marcelo Olán Mendoza.
Lo cierto, es que la pifia de novato Junior, es la bocanada de aire que buscaba desesperadamente el presidente acosado.
¿Cuánto le durará?
No se sabe.
Lo que sí es una certeza, es la acelerada pérdida de consensos tanto del master Makyito, como del doctor Espinito.
Al parecer, El Político y el Científico, de Max Weber, no se los dieron ni a oler a los hoy famosos chicos.
Como decía, aquel reportero del Aire, Sergio Cosar, desde sus micrófonos en Reynosa:
-Si esos jóvenes, hubiera tomado mucha, pero mucha Seven Up…

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