¿Tendrá buen fin, la elección de consejeros y dirigentes de MORENA en Tamaulipas?
¿Superará, este partido su trágica herencia de cerrar la puerta para que la autoridad electoral, defina sus representantes?
(Hay que recordar, que la llegada de Mario Delgado, ocurrió ante la injerencia del Poder electoral; de igual forma, hay que rememorar, lo exitoso que fueron las inconformidades de algunos sectores de la militancia, ante la ausencia de institucionalidad en el partido del lopezobradorismo que permitió al TRIFE, influir en una decisión que debió recaer en la militancia).
No parece, que vaya a tener un final feliz, el proceso de selección de consejeros y luego de dirigentes. Primero, porque existen un sinnúmero de irregularidades, que violentan no sólo su propia convocatoria, sino los derechos de cientos de sus militantes.
Y ese, es el elemento que lleva a asegurar un futuro inmediato de MORENA: una perniciosa judicialización –esto en el sentido de llevar a tribunales, para cuestionar la elección, de diversas facciones que lo que intentan es enlodar y no perfeccionar los procesos democráticos internos–.
Según se ve, los detractores de las elecciones internas de MORENA van de nueva cuenta por la estrategia de llegar hasta el TRIFE sus quejas para que este organismo –letal enemigo del lopezobradorismo– ponga fin a las querellas canteando la vara de la Justicia electoral hacia donde más le duela a Andrés Manuel López Obrador.
Unos comicios internos los cuáles en condiciones normales, llevarían algunas semanas resolver, podría alargarse -de suceder como se espera, la cuña de los seguidores de Ricardo Monreal, que apuestan a la descomposición del partido que no termina por aceptarlos por sus evidentes y públicos bandazos- por largos y tensos meses.
Lo que vemos, son los residuos de un partido que envuelto en riñas internas desde que su dirigente AMLO dejó la dirigencia, nunca logró construir una legalidad plena. Primero Yeidckol Polevnsky, llevó a su organización política a límites degradantes y a estatus de agrupación de villanos, lo que condujo a la ruptura de la paz y la institucionalidad interna; luego, llegó Mario Delgado a pulverizar la ruta ideológica de MORENA para asemejarlo más y más al PRIAN.
(De hecho, Delgado es el principal responsable de la apertura de su partido a gente tan discutible como los hermanos Carmona, Maky Ortiz, José Ramón Gómez Leal –JR–, Erasmo González, Armando Martínez Manrique, Olga Sosa y otros de similar catadura).
El paso de MORENA, de un partido de impresentables dirigentes locales, a una organización de militantes confiables –el último dirigente tamaulipeco, el profesor Torres, sigue sin reconocer al gobernador electo, Américo Villarreal Anaya– y congruentes seguramente será un proceso de larga duración.
Lo que sí es de urgente resolución, es renovar el Comité Directivo Estatal de MORENA en Tamaulipas. Es y ha sido, una cueva de ladrones: nadie sabe, a dónde paran las prerrogativas que entrega el IETAM y el CEN de esa agrupación.
El inefable dirigente Torres y su tesorero, tienen una vergonzosa deuda -por varios años no han pagado la renta- con la dueña de la oficina que cínicamente siguen ocupando.
Para nada sirve, un partido en esas circunstancias a la IV T que intenta aterrizar en Tamaulipas, el gobernador electo, Villarreal Anaya.
Ojalá no se repita, la anécdota de los villistas cuando les estaban dando una paliza; su líder el Centauro del Norte, les decía:
–¡Ánimo mis valientes! ¡Mas adelante, está peor!

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