MORENA, tendrá que procesar los elementos del viejo régimen que se enquistaron en su estructura. El más pernicioso grupo que activa, en el sur del Tamaulipas, al interior del lopezobradorismo organizado –el comandado por Erasmo González Robledo– trastocó todos los principios éticos de aquella agrupación.
Se sabe, que los cambios culturales se generan por procesos de muy larga duración. La construcción de una mentalidad y consciencia partidistas en apego a los principios del no robar, no mentir y no traicionar, aún no se consolidan; vamos: ni un estadio larvario se vislumbra en este momento.
El gran esfuerzo de AMLO, no parece haber fructificado en la zona dominada por del legislador maderense.
La red de influencia generada a golpes de los fondos del guachicol, operada por el diputado federal González Robledo pagó a centenares de ciudadanos para que votaran a favor de él y sus socios -beneficiarios de los dólares provenientes de hidrocarburos robados o de orígenes fraudulentos-; entre ellos, Olga Sosa.
Fue evidente su intervención para torcer los resultados de la elección de delegados.
A varios militantes, fuera de toda sospecha, toda vez que fueron fundadores de ese partido movimiento se les soslayó y se les segregó. Ejemplo de esa intentona de minimizar otras fuerzas de MORENA, fue el caso del candidato a consejero, Marco A. Santiago, a quien le anularon más de mil sufragios.
Santiago, un joven militante que viene con el lopezobradorismo desde cuando AMLO era dirigente nacional del PRD, alcanzó una votación mayor que la del comandante de los guachicoleros.
Pero los los escrutadores de las mesas receptoras, estructura que fue arrebatada por Erasmo y Olga, decidieron cancelarle miles de papeletas.
Finalmente, el líder del afluente del guachicol, salió electo consejero.
Centenares de taxis, pagados por González Robledo y Sosa, transportaron bajo estipendio a votantes. Existen pruebas documentales, que exhiben la lista de candidatos por los cuales los transportados deberían votar para recibir sus recompensas.
Acciones de esa naturaleza, ponen en riesgo el proceso.
Decenas de morenistas de viejo cuño, están articulando una denuncia ante el partido y la autoridad electoral toda vez que se vulneraron sus derechos partidistas y ciudadanos.
Igualmente, en Tampico y Altamira, se llevaron a la práctica métodos totalmente irregulares en el proceso de elección. El alcalde altamirense, Armando Martínez Manriquez, –otro miembro del clan del guachicol, es decir: de los hermanos Carmona– cubrió todos los gastos requeridos para el traslado de votantes desde sus domicilios hasta la mesa receptora de votos.
MORENA sur, está dominado –hasta hoy– por el legado de los Carmona: Erasmo, Olga y Armando.
La evidente intromisión de fondos del guachicol en el movimiento de AMLO en el sur del estado, augura un largo proceso de disputa ante los tribunales.
Por una razón inexplicable: el intento de un solo grupo, de obtener el control total, absoluto de la estructura partidista en la región de la huasteca tamaulipeca.
Sería interesante, saber:
¿De dónde salieron los recursos, para esa movilización sin precedentes en un proceso partidista interno en la comarca sureña?

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