La división del Partido Verde en Lerma, el adiós al PRI de Miguel Ángel Ramírez Ponce y el distanciamiento en la relación de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez con la prensa mexiquense 

La división del Partido Verde en Lerma, el adiós al PRI de Miguel Ángel Ramírez Ponce y el distanciamiento en la relación de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez con la prensa mexiquense 

La semana que terminó dejó ver muchas cosas en la política mexiquense: algunas buenas para pocos, muchas malas para varios y, sobre todo, señales claras de lo que viene en los próximos meses. 

Empezando por Lerma, la división al interior del Partido Verde Ecologista de México es ya más que evidente. No se trata de simples diferencias, sino de una ruptura marcada entre quienes se asumen como “liderazgos” del partido en el municipio. Por un lado, el bloque encabezado por el excandidato a diputado federal por el distrito 23, “Carballo”; la excandidata a presidenta municipal de apellido “Gordillo” y su grupo familiar; así como el empresario “Ruiz”, quien ha vuelto a los reflectores queriendo vender una supuesta fuerza política a través de cuentas inactivas en meses, incluso bajo la narrativa de liderazgo indígena que pocos compran. 

Este grupo no quiere soltar el control que hoy tiene y ha optado por cerrar espacios, han dejado de lado al diputado federal José Luis Hernández Pérez y a la reciente incorporación de Karla Cortés Treviño, además de otros perfiles que incluso los apoyaron en campaña. Para el “bloquecito”, estos nombres resultan incómodos porque se interponen en sus planes. 

La reacción ha sido clara: no contestan llamados a la unidad, evitan el diálogo y han llegado al punto de operar incluso con “fuego amigo” para desgastar y desestabilizar. Han sondeado movimientos o aspiraciones, medido escenarios y actuado para que nada cambie. De todo esto está enterado el dirigente estatal José Alberto Couttolenc Buentello, quien hasta ahora lo permite, solicitando métricas y números para tomar decisiones que nada tiene que ver con la aprobación real de la ciudadanía sobre estos perfiles. La pregunta es obligada: ¿por qué tanto blindaje a perfiles que poco o nada han aportado al municipio? 

Hoy queda la duda de que pesa más en la dirigencia estatal: los acuerdos en lo oscurito, los compadrazgos o los intereses personales, por encima del crecimiento real del partido. Porque hay perfiles mejor preparados, con causas más claras y con mejor reputación, pero simplemente no son considerados por igual. La ausencia del líder estatal en Lerma solo confirma lo que ocurre en los hechos, y eso termina por evidenciar una simulación que no abona en nada. Así, el Verde en Lerma, con estos liderazgos, apunta a ser un espectador más rumbo a 2027 si no hay cambios de fondo en los próximos meses. 

En ese mismo contexto político en Lerma, finalmente se concretó el adiós al PRI del presidente municipal Miguel Ángel Ramírez Ponce. Algo que él mismo había anticipado desde hace meses: el problema no era el partido, sino sus liderazgos, con los que ya no existían coincidencias. 

La realidad es que ni Cristina Ruiz Sandoval ni Alejandro Moreno Cárdenas han demostrado capacidad política para retener a cuadros que hoy gobiernan territorios que antes eran impensables para otras fuerzas. La salida de Miguel Ángel no solo confirma esa falta de operación política, también abre un nuevo escenario en el municipio. 

Su decisión va a provocar un efecto inmediato: empezarán a definirse lealtades. Muchos de los que hoy están cerca tendrán que demostrar si realmente lo estaban o si se confirma que ya buscan otros espacios con quienes aspiran a ocupar su lugar. Esto permitirá ver con claridad quién estaba al cien por ciento y quién no. 

Mientras tanto, en el PRI seguirán acumulándose renuncias. Y mientras su dirigencia continúe con el discurso de que “los que se van no sirven y los que se quedan valen la pena”, lo único que seguirán viendo es cómo pasan más y más salidas por su escritorio. En Lerma, los únicos que permanecen leales son los viejos priistas: los que ya no suman, los que ya no mueven y los que viven de la nostalgia de un partido que alguna vez fue dominante. 

En contraste, Miguel Ángel Ramírez Ponce no solo se renueva, también marca tendencia. Su arraigo, su trabajo y su presencia en el municipio lo mantienen vigente. A donde decida moverse obligará a que otros se quiten del camino o se reconfiguren. Lo que viene en Lerma no es menor: habrá más anuncios y movimientos que terminarán por redefinir el rumbo político del municipio. 

Finalmente, el tema de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y su relación con la prensa mexiquense ya no admite interpretación: es mala, distante y cada vez más evidente. El trabajo de su equipo de comunicación deja mucho que desear y el gremio lo ha resentido desde hace tiempo. 

Lo ocurrido el pasado fin de semana con motivo del Día del Periodista Mexiquense fue una muestra más. Más allá del discurso, en los hechos no hay reconocimiento real al periodismo. La política de comunicación social que se está aplicando muchas veces influida por decisiones del ámbito federal no está funcionando en el Estado de México. 

Hoy hay una clara insensibilidad hacia el gremio. Los comunicadores enfrentan su suerte desde hace varios meses, trámites excesivos para poder ser considerados para la publicidad institucional y una falta total de interés por respetar acuerdos. Los desaires al gremio cada vez son más evidentes y el respeto a la labor periodística quedo de lado por parte del gobierno estatal. En muchos casos, los periodistas terminan gastando más en operar contadores, traslados, producción que lo que se genera por su trabajo diario. 

Y esto parece no importarle al gobierno estatal. Se destinan recursos a otros rubros como perritos y gatitos que no son culpables de las políticas gubernamentales, mientras se deja de lado algo fundamental: La información a la sociedad. En el discurso se agradece a la prensa, pero en los hechos hay poca congruencia. La ya conocida frase de “no hay recurso” o “ya se van a mejorar las cosas” se ha vuelto una constante, mientras muchas familias de periodistas tienen que esperar meses para poder sostenerse o enfrentar políticas públicas en torno a su seguridad social. Todo se vuelve hoy en día un trabajo extremo para ejercer el periodismo en el Estado de México. 

El distanciamiento también se reflejó en la ausencia en eventos y en la poca respuesta del gremio, salvo aquellos que no pudieron negarse. Hoy, lo que debería ser una de las fuentes más importantes del estado ha pasado a segundo o tercer término, no solo para el gobierno, sino también para muchos actores políticos que replican esta misma dinámica. 

Además, se sigue cometiendo un error grave: medir a los medios por likes y métricas digitales. Esa es una visión limitada. La verdadera medición está en la calle, en lo que la gente comenta, en el impacto real de la información. Hay contenidos que no tienen miles de reacciones, pero sí fondo, alcance y credibilidad. 

La realidad es que la comunicación va más allá de números. La responsabilidad de informar, de escribir y de generar contenido con sustancia sigue siendo la base del periodismo. Los likes son secundarios. Y mientras no se entienda eso, la distancia entre gobierno, prensa y sociedad seguirá creciendo, en un estado donde los lectores cada vez cuestionan más a su clase política. 

Si me lo cuentas con santo y seña, lo publicamos. 

@consantoysena@outlook.com